La hermosa capital de Austria es un destino elegante, lleno de historia y muy atractivo durante todas las épocas del año. La antigua capital del Imperio Austrohúngaro nos aguarda con su impresionante arquitectura, sus sofisticados dulces, sus melodías clásicas y su patrimonio artístico. En tres días se puede conocer lo fundamental, eso sí, habrá que prescindir de mucho, así que ya hay excusa para regresar en el futuro.

Para que podáis hacer vuestra lista y después vayáis marcando aquellos sitios que no os habéis perdido, hemos seleccionado algunos lugares que os dará tiempo a visitar y de lo que os llevaréis un grato recuerdo. Allá vamos.

Viena

Primer día

Vamos a empezar por los monumentos y edificios más significativos, por aquellos que aparecen en las guías como los lugares indispensables.

Primera parada: Catedral de San Esteban. Es el monumento religioso más importante de la ciudad y símbolo de la misma. De estilo gótico sorprende a los viandantes por sus formas y colores que llaman la atención. Impresiona su altura. Tal es así, que sólo los más valientes se atreverán a subir a su torre más alta, que alcanza casi los 137 metros. Para llegar arriba hay que enfrentarse a sus 343 escalones, eso sí el esfuerzo es recompensado con las vistas. El horario de apertura es muy amplio desde las 7:00 de la mañana hasta las 10:00 de la noche en días normales y en domingos y festivos abre incluso antes, a las 6:00. Así que si queréis madrugar, este es vuestro lugar para empezar la visita a Viena.

Después nos podemos dirigir hacia la Ópera de Viena. Tierra de músicos, este país ha visto cómo la música partía de sus entrañas durante la época clásica para ser indispensable en la historia de este arte. Y el lugar ideal para conocer la razón es la hermosa Ópera de Viena, un edificio emblemático por su aspecto y por todo lo que se ha podido ver en su patio de butacas. Para visitarla se pueden hacer visitas guiadas, que además están en español. Para conocer los horarios no dejéis de ver la página oficial de la Ópera.

Viena

Entre la visita de una y otra, se habrá pasado gran parte de la mañana del primer día, así que haced un pequeño descanso y comed algo en alguno de los restaurantes del centro de la ciudad y probar su famosa tarta Sacher para el postre. Por la tarde se puede visitar la Viena más imperial en el Palacio de Hofburg. Aprovechad que estáis descansados para patear sus jardines y para conocer espacios como el Museo Emperatriz Sisi y la Escuela Española de Equitación.

Segundo Día

Tras haber dormido las horas reglamentarias, calzaros de nuevo y arriba. Vamos a seguir por la Viena Imperial, para ello habrá que visitar el Palacio Schönbrunn, la residencia de verano de los Habsburgo y a la que hay que llegar en transporte público (U4). Allí podéis pasear por los jardines y conocer los sobrecargados interiores del palacio. Tras esa exposición al lujo, quizá os apetezca desconectar. Estáis de suerte, porque justo al lado está el Zoo de Viena, uno de los más antiguos del mundo. Merece mucho la pena.

Viena

Pasaréis gran parte del día en la zona, pero si sois de los que si no veis 500 cosas a la hora no estáis satisfechos, en el mismo día podéis acercaros hasta el Palacio de Belvedere y recorrerlo de arriba abajo. Allí os aguarda un tesoro: 24 cuadros de Gustav Klimt, entre ellos El beso, su obra más conocida.

Para acabar el día o bien regresáis al hotel a descansar o bien os acercáis a la zona del Prater, el parque de atracciones más antiguo del mundo. Destaca su noria. Si no tenéis vértigo y queréis disfrutar de una visión de Viena diferente, no lo dudéis y comprad un billete que os permita subiros a ella. La noria se construyó en 1897 y desde entonces se ha convertido en un símbolo y en un lugar romántico, sobre todo cuando cae el sol. Además en el parque hay un montón de actividades, así que no dejéis de visitar su agenda.

Viena

Tercer día

¡Arriba! ¡Aún nos quedan unas horas en Viena, así que a mover esos cuerpos! Queda mucho por descubrir. Hoy vamos a callejear para conocer la Viena Modernista. Este movimiento se conoció como Secesión y vivió en este país una época dorada. Por eso la ciudad no ha vivido ajena al talento de aquellos que brillaron entre finales del XIX y comienzos del XX. Entre ellos destacó Otto Wagner del que hoy vamos a ver sus edificios más importantes: la Majolikahau, la Musenhaus, la Wienzeile, la Iglesia de San Leopoldo y la Caja Postal de Ahorros.

También en este viaje por el arte os recomendamos que visitéis un museo. Para seguir con el movimiento modernista y las tendencias más actuales, una idea es acercarse al Museo Leopold, con obras de Gustav Klimt, Egon Schiele e interesantes exposiciones temporales. Si os gusta el arte más clásico, pero no queréis renunciar a las vanguardias, no dejéis de disfrutar de la joyas del Museo Albertina. Entre su colección permanente acoge obras de Durero, Rubens, Cézanne, Klimt, Picasso y Kokoschka.

Tras salir de los museos recorred el centro de Viena y la hermosa Ringstrasse. Y si os habéis perdido edificios como Palmenhaus, Burgthearten, la Biblioteca Nacional de Austria, el Parlamento o el Ayuntamiento, no dejéis de acercaros a verlos. Y por supuesto, para acabar, no podéis dejar la ciudad sin haber disfrutado de la belleza de la Iglesia de san Carlos Borromeo, un templo barroco, situado en Kreuzherrengass, que representa la belleza de Viena a la perfección.

Viena

Lo dicho, hay mucho que ver en Viena, así que… ¿Cuándo volvemos?