En la provincia de Huelva, la playa de Matalascañas se levanta junto al Parque Nacional de Doñana, un reclamo natural que ha provocado que esta población acoja cada verano a familias y viajeros que quieren disfrutar de playas diferentes con arena fina y dorada. A ello hay que sumar que es una de las playas más cercanas a Sevilla (a unos 90 kilómetros aproximadamente), por lo que es una buena base no sólo para conocer los alrededores, sino también para hacer una escapada a la capital andaluza, donde nos aguarda todo su patrimonio histórico y artístico.

    Matalascañas Huelva Costa de la Luz

Matalascañas pertenece al municipio de Almonte. Es una urbanización que se ha convertido en una de las más conocidas de la Costa de Huelva y es una de las favoritas de los viajeros gracias a su gran oferta hotelera que dispone de una gran cantidad de plazas a buenos precios. Hay desde hoteles de cuatro estrellas perfectamente equipados, a apartamentos para familias, grupos de amigos y parejas, una opción muy apreciada por los viajeros debido a su comodidad y a los servicios de los que disponen.

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El principal reclamo de Matalascañas es su inmenso arenal. Cuenta con cuatro kilómetros de longitud, en los que es sencillo encontrar espacio para colocar la toalla, ya que, aunque tiene bastante afluencia en los meses de temporada alta, su amplitud permite que uno no se sienta atosigado y encuentre un lugar donde relajarse y disfrutar del sol y el mar tranquilamente. Torre de la Higuera es una parte de la playa de Matalascañas en la que los bañistas descubrirán una peña que aflora junto a su orilla. Es una roca, símbolo de la localidad, que es el único vestigio en la localidad de las torres almenaras que había en la costa onubense. Esta data del siglo XVI. La playa es segura y está galardonada con la Bandera Azul desde el año 1993. Desde entonces cada año revalida la distinción.

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Los curiosos y los buscadores de playas bonitas pueden darse una vuelta por los alrededores de Matalascañas para descubrir las playas y los paisajes del Parque Nacional de Doñana. La localidad tiene acceso directo al parque, por lo que se puede llegar dando un cómodo paseo. Para visitar lugares concretos como la localidad de El Rocío, a unos 15 kilómetros de distancia aproximadamente, se recomienda coger el coche. Un espacio que hay que visitar es el Parque Dunar de Matalascañas, un parque de unas 130 hectáreas conformado por dunas, playas, acantilados y vegetación. Por suerte cuenta con un equipamiento cultural y de ocio que nos permitirá entenderlo un poco mejor. Así podremos visitar el Museo del Mundo Marino, con réplicas de cetáceos; el CEDEMA, centro dedicado al estudio medioambiental y un centro de información y acogida, donde nos darán datos sobre qué ver en el parque. Desde el museo se programan actividades para todos los públicos durante el año. Una que suele gustar es el recorrido al sendero del sabinar que hay alrededor de las instalaciones expositivas para conocer las plantas mediterráneas, las huellas de los animales y los rastros que estos dejan. Está especialmente pensada para niños.

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Para los que se sientan más urbanos, se puede hacer una vista al pueblo de Almonte, en el que esperan sus casas típicas andaluzas encaladas y su patrimonio en el que destacan lugares como la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción o el Ayuntamiento.

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Un destino para todos los sentidos

Los sabores son distintivo de esta zona. Así que los amantes de la gastronomía y de los buenos vinos están de enhorabuena, por aquí el estómago y el paladar quedarán siempre agradecidos. Lo más típico esta parte de Andalucía son las gambas blancas de la Costa de la Luz, una delicia que bien combinada con el vino adecuado, creará un maridaje difícil de olvidar. Se pueden degustar en muchos restaurantes de Matalascañas junto a más marisco procedente del mar.

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Además entre sus recetas, sabrosas y variadas, están los guisos de conejo, el buche y la corvina en salsa de almendras. Destaca también la caldereta de cordero y las chuletas de cordero, que pueblan los menús de muchos de los restaurantes de Matalascañas y de Almonte. Para postre, no faltan los alfajores, de herencia árabe y que se consumen principalmente en Navidad. Y si hablamos de fiestas y de gastronomía, no hay que dejar de nombrar el caldo rociero, un caldo que da fuerzas a los peregrinos durante El Rocío para seguir con su camino tras una noche en vela.

Para conocer los vinos, se puede visitar el Museo del Vino de Almonte, más de 1000 m2 de exposición, divididos en varias zonas temáticas con el vino como protagonista. Se descubren las bodegas, los olores, las técnicas y además se organizan catas para probar los vinos de la zona.

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Dependiendo de la época del año en que viajéis, sobre todo si coincide con la Romería de El Rocío, os recomendamos que reservéis vuestro alojamiento con tiempo. Para ello, os animamos a que echéis un ojo a nuestra lista de hoteles y apartamentos en Matalascañas.