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Viaje a Venecia: carnaval y mucho más

18 de enero, 2011

Postales, libros, cuadros, películas… Son tantos los encuadres y soportes en los que cualquiera ha contemplado rincones de Venecia (Italia) que, seguramente, no será fácil imaginar que, aparte de la Venecia conocida, a través de lo fotografiado, escrito, pintado o rodado, esta archiconocida ciudad, también tiene una cara archidesconocida. ¿Qué tal si uno se plantea visitar la ciudad de los canales a medio camino entre ambas? Es evidente que, viajando hasta la ciudad italiana, se hace inevitable caminar por la plaza de San Marcos, entrar en la catedral, recorrer los canales en vaporetto (o en góndola, si el presupuesto lo permite) o visitar la fábrica de cristal de Murano. Pero….¿ por qué no perderse también por esas callejas laterales por las que pocos se internan?. Vayamos, pues.

El inevitable punto de partida

Se quiera o no, casi todos los viajeros que llegan a Venecia con la intención de conocer la ciudad, empiezan la visita por el mismo lugar: la plaza de San Marcos. Peculiar hasta en su denominación (es la única plaza de Venecia que se llama piazza y no campo, denominación local habitual para este tipo de espacios), allí tienen parada final todos los vaporettos que prestan su servicio en el Gran Canal. Allí, miles de palomas esperan a que el turista, previa compra, allí mismo, de un cono de maíz (1 €), quiera darles de comer. La recompensa para el turista es una fotografía con palomas posadas en el hombro que se acercan a por el grano. Muchos lo intentan, pocos lo consiguen.

Incluso con el mucho gentío que puebla habitualmente el espacio, la plaza de San Marcos rezuma magia –aunque lo suyo sería venir hasta aquí en lo más profundo de la noche y gozar de estar solo en la majestuosidad-. Los cafés que rodean el ágora son lugares, en muchos de los casos, de legendario nombre, exquisita decoración…y elevados precios (para darse el capricho de un capuchino, habrá que comprobar, previamente, que se lleva un mínimo de 8 € en la cartera).

Toca entrar a la catedral, un templo bizantino que la vieja República de Venecia levantó cómo testimonio de su poder. Nada menos que cuatro mil metros cuadrados de mosaicos para dar custodia a los restos de San Marcos, patrón de la ciudad –las fotografías están prohibidísimas-. Frente a la basílica se alza el Campanile, al que es obligatorio subir (6 €. No te alarmes, hay un ascensor y las vistas, desde sus casi 100 m de altura, son impresionantes. Toda Venecia a los pies… entre ello, las cercanas calles Mercerie y Larga S. Marco. Luego, paseando estas calles, no faltará donde comprar alguna pieza (o piezas de cristal de Murano).

Ambiente de marcha y más

Hay pocas dudas al respecto. El barrio conocido como Sestiere de Dorsodur, al sur de Venecia, es el lugar indicado… si lo que se busca es marcha y ambiente. Cafés y bares, la universidad, dos de los museos más importantes del lugar – la colección Peggy Guggenheim y L’Accademia-… o la cantina Già Schiavi (calle S. Trovaso), donde es tradición (y poco menos que obligación) saborear los cichetti (canapés variados sobre pan tierno) que la familia Gastalli elabora, artesanalmente, desde 1920. El propio ambiente del local, siempre lleno de estudiantes, trabajadores y gentes del barrio habla de la autenticidad del lugar.

No lejos queda campo de Santa Margherita (ya se sabe: traducir por plaza), un buen lugar para palpar el ambiente de la Venecia real. Mercado de frutas y pescado de día, de copas y terrazas por la noche, antaño éste era el lugar en el que los nicolotti, que vestían de negro, y los castellani, con capas y sombreros rojos -o lo que es lo mismo, las dos facciones locales- disputaban sus torneos de justas….hasta que en 1705, aparecieron los puñales, la cosa degenero a mayores… y los encuentros fueron prohibidos por la autoridad competente.

Claro que, si en este barrio palpita la vida en un día moliente y corriente, se hace fácil suponer (o no) lo que debe ser aquello en días de Carnaval. Una pequeña muestra de ello es lo que se podrá comprobar en la tienda-taller de Guerrino Giano Lovato, junto al puente dei Pugni. Organizador de varias ediciones del carnaval de Venecia, lleva más de treinta años diseñando máscaras…como las mil que le entregó al director de cine Carlos Saura cómo ambientación de su película Don Juan. Una mascara de gato cuesta 25 euros… aunque también se puede hacer un encargo, más personalizado, en la web www.mondonovomaschere.it

Entre el Gran Canal y la Laguna

El barrio de Canareggio vio nacer a Tiziano y Tintoretto y partir a Marco Polo hacia Oriente. Caminando por sus calles (la calle Varisco, la más estrecha de Venecia, de 58 cm de ancho, queda aquí) y contemplando las fachadas de sus palacios e iglesias uno sentirá el peso de la Historia (con mayúsculas). Conviene buscar el campo de San Lorenzo y, una vez localizado, La Costarica., un pequeño establecimiento en el que sirven los mejores expressos de la ciudad.

Si no ha desilusionado Canareggio, tampoco lo hará Castello. Algo alejado del asedio turístico, éste es barrio para venir a comer de mesa y mantel… sin temor a dejarse la cartera en el intento. Aquí, el pescado y el marisco (frutti di mare) son los reyes de la mesa. De hecho, el plato por excelencia son las sarde in saor (sardinas marinadas en una salsa de cebolla, alcaparras y piñones). La parrilla de pescados la ofrecen en muchos sitios, lo mismo que la pasta al nero di seppia (en su tinta), los mejillones y los canestrelli (pequeñas ostras). Un acompañamiento muy veneciano es la polenta, una torta de harina de maíz a la plancha muy resultona.

Del Gran Canal al puente de Rialto

El mismo agua que, cada año, entre octubre y marzo, cuando la luna llena coincide con vientos del sur y fuertes lluvias, inunda Venecia en sus partes más bajas, es el agua que fluye por la artería principal de la ciudad: el Gran Canal. Se puede recorrer en el vaporetto –si se llega por vía aérea, y el hotel está en el centro de la ciudad, la experiencia de recorrer este brazo de agua se conocerá nada más llegar- o en góndola, siempre que se pague el mínimo de 80 € el viaje de veinte minutos… y se quiera aguantar el mal humor –y mala educación generalizada- que parece ser innata a este oficio.

Claro, que también se puede ir caminando por las calles que orillan las aguas… por ejemplo, hasta el puente Rialto (se ha regresado a la Venecia más turística.. y se nota). Así, entre puentecillos y canales, se tendrá la oportunidad de visitar maravillas cómo la iglesia de San Zulian, de cuyas paredes cuelgan cuadros de Veronese y Bassano… o la Galería de la Academia, una suerte de Galería de los Uffizi veneciana. Aquí no sólo tienen obra Tiziano, Tintoretto y Veronés, los tres genios nacidos en Venecia. Hay mucho más, puesto que las obras maestras pintadas en Venecia (o por firmas nacidas aquí) dan para mucho más… cómo no podía ser menos, si se tiene en cuenta que Venecia ha parido maestros de la pintura desde el periodo veneciano bizantino, hasta el rococó, pasando, evidentemente, por el renacentista y barroco.

El paseo puede terminar en el delicioso puente de Rialto, una sucesión de puestos de recuerdos y joyas….que bien puede extenderse hasta el vecino mercado al que los venecianos vienen a hacer sus compras de verdura, fruta y pescado.

¿Y para cuando cae el sol?. Sin alejarse del Rialto, se pueden encontrar sugerentes bares en los que regalarse el gaznate con una copa de vino (dos propuestas podrían ser Osteria all’alba o Mille Vine). Alejándose un poco, se podrá asistir a un concierto de jazz en el Palacio Ducal (entradas desde 10 €); y despedir el día con un Bellini (15 €), el cóctel veneciano por excelencia, en el Harry’s Bar (calle Vallaresso, detrás de S. Marcos), por aquello de pisar un clásico.

Si ya estás decidido a pasar unos días en Venecia te recomendamos los siguientes hoteles:  Hotel Minotel Sant Giorgio, Hotel Ruzzini Palace, Hotel Casanova, Hotel Ca’Pisani y Hotel al Ponte dei Sospiri

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