Inicio > ¡VIAJA! > Viaje a Estambul. Capital espiritual de Turquía

Viaje a Estambul. Capital espiritual de Turquía

22 de octubre, 2010

A mitad de camino entre Europa y Asia, Estambul, con sus once millones de habitantes, es la capital espiritual de Turquía…por más que la oficial esté en Ankara, desde el advenimiento de la República Turca a la caída del Imperio Otomano, tras la Primera Guerra Mundial….y el espíritu de ese orgullo se huele, se siente, mientras se camina por las calles que rodean sus maravillosas y antiguas mezquitas; el palacio Topkapi; el Gran Bazar. Pero no sólo está allí. También se le puede encontrar, por ejemplo, en Istiklal Caddesi, la calle peatonal que discurre entre la Plaza de Taksim y Tünel, camino del Puente de Gálata –en turco, Galata Köprüsü-, un verdadero espectáculo, con todos esos pescadores tendiendo sus cañas desde el pretil.

Algo así cómo la vena aorta de esta ciudad, dicen que en Istiklal Caddesi se reúnen, cada fin de semana, más de dos millones de personas, que acuden aquí atraídos por las deliciosas golosinas de sus pastelerías….pero también por la intensa vida nocturna que aquí se vive.

Esta ciudad tiene muchos paseos, muchas formas de verla. Por ejemplo, junto a la torre de Gálata, prueba de que los genoveses estuvieron comerciando por aquí ya en el siglo XVI –aquí se asentaron los comerciantes provenientes de Génova (y también de Venecia) que con la vieja Estambul negociaron-. Justo enfrente, al otro lado del puente nuevo del Galata, los vestigios de la antigua presencia romana se hacen evidentes en la presencia de los restos del antiguo hipódromo, los obeliscos y, sobretodo, la increíblemente hermosa basílica de Santa Sofía, inaugurada por el emperador romano Justiniano en el año 537. Sin palabras para definirla, casi tanta belleza interior y exterior exhibe la vecina Mezquita Azul…. aunque los cuatro enormes y evidentes pilares que sostienen la cúpula nos indican que la sabia osadía de los arquitectos de Santa Sofía -Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto- no fue alcanzada por sus imitadores otomanos, entre los que destaca Mimar Sinan, que construyó la mezquita de Suleimán el Magnífico, erigida en otra de las colinas de la ciudad.

Nombrado más arriba, el legendario palacio de Topkapi hace viajar a sus visitantes hasta las mismísimas páginas de Las Mil y Una Noches: Patios, terrazas, estanques, jardines, edificios esplendorosos donde los baños ya contaban antes del siglo XIX con grifos de agua fría y caliente…la sensación, cuando se camina por los espacios del palacio es que es éste un lugar simbiosis de Oriente y Occidente… cómo así es en realidad. Un banquete de aromas

No hay que irse demasiado lejos. Desde la misma Mezquita Azul –o desde la misma basílica de Santa Sofía- uno puede ir caminando hasta el Gran Bazar o el Bazar de las Especias. Es más, debería ir caminando… si es que para él/ella viajar es sinónimo de impregnase, de sentir, de alimentar los sentidos. Además, observar la luz y escuchar el latir de la ciudad es, por así decirlo, una suerte de ejercicio preparatorio para enfrentarse a lo que espera, en el Gran Bazar, un inmenso zoco, con más de 4.000 tiendas, mandado construir el sultán Mehmet II, conquistador de Constantinopla, en el que se puede encontrar prácticamente de todo. Evidente antecedente de las galerías comerciales, cubiertas que en el siglo XIX se levantaron en el siglo XIX, desde las milanesas de Vittorio Emanuele hasta las parisienses o bruselenses, uno no puede por menos que sorprenderse cómo los epicentros del mundo van, con el baile de los siglos y de las circunstancias, de aquí para allá.

El Gran Bazar tiene mucho encanto, es indudable…aunque el continuo acoso de vendedores y aspirantes a guías, llega a resultar un tanto molesto. Por eso la visita al vecino mercado de las especies invita más al paseo. Inevitablemente se va a escuchar eso de ¿¿español?? hola amigo!…. pero nada que ver con lo sufrido en el Gran Bazar. Para empezar es más pequeño, además de menos concurrido por el turismo…y eso que, cómo enseguida se comprueba, la calidad de los productos es allí, por regla general, superior a lo que se puede encontrar en aquel. Especialmente curiosa resulta la tiendecita de Develi Baharat (nº46) donde José (o Yunus como se llama en realidad) es capaz de atender en español, catalán y… hasta euskera. Según él, nunca ha estado en España, habiendo aprendido todo lo que sabe por haber estado, desde pequeño, haciendo oído en la tienda de su padre… una tienda, por otra parte, preciosa y especializada en riquísimas y variadas infusiones.

Terminadas las compras, toca comer. ¿Sugerencias? Por ejemplo, alguna de las ensaladas autóctonas, kebab, y de postre, unos pastelillos de baklava bien regados de miel. Lo mejor es dejarse sorprender, olvidarse de hábitos y gustos domésticos de casa, y gozar…simplemente gozar. ¿A alguien le apetece un trago de ayran, esa sabrosa bebida ayogurtada? Sea cómo fuere, toda comida habrá de acabar aquí con un rito obligado: un café turco o un té de manzana.

Etiquetas: , , , ,
Compartir:
  1. Sin comentarios aún.