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Viajar a Andorra: Turismo en el país de los Pirineos

06 de septiembre, 2010

Andorra, el “Gran Bazar” de los Pirineos:

Relojes, perfumes, ropa deportiva, cuberterías, bebidas alcohólicas varias… Andorra la Vella, capital de Andorra, es toda una tentación para carteras inquietas. Si se ha viajado hasta Andorra con la intención de consumir, tan sólo hay que hacer una cosa: recorrer, en su capital, las avenidas Meritxell, Enclar y Santa Coloma. Las pupilas harán todo lo demás. Retrocediendo algunos kilómetros hacia la frontera española, el viajero deja a su derecha el bosque de Solobre, con sus robles y encinas varias veces centenarios. Por allí queda Santa Coloma -una especie de ciudad dormitorio de Andorra la Vella- enmarcada entre plantaciones de tabaco y saludables arboledas (más alguna que otra borda -la vivienda tradicional del pages andorrano- de piedra, madera y pizarra). Un buen lugar para comprar repuestos para el coche.

Entre almacenes de recambio para automóviles, gasolineras, grandes superficies y edificios de viviendas de cuatro plantas, el viajero llega a Andorra la Vella. La imagen de la parte moderna de la ciudad se deja ver sin estridencias. Las nuevas construcciones han mantenido -en muchos de las casos- la pizarra y la piedra como elementos constructivos básicos. La estampa de Pujal, Antic Carrer Major, Pui y Antic -los barrios más antiguos de la villa- así lo demuestran. Un buen ejemplo de lo bien que han convivido las arquitecturas de distintos siglos es la iglesia de Sant Esteve. Levantada en las proximidades de la plaça del Príncep de Benlloch, este templo tiene una de la cabeceras más bellas que pueden encontrarse en románico andorrano.

Merece la pena perderse por las calles de los alrededores, hermosas en su estampa de pavés, estrechas callejas, recoletas -aunque escasas- plazas y recios caserones señoriales. Uno de ellos es la Casa de la Vall, un noble edificio construido en 1580 y que aún hace las veces de Sala del Consell y de Justicia. Casi pegada, casa con casa, a Andorra la Vella, la villa de Escaldes-Engordany recibe con dos atractivos de lo más apetecibles: el complejo termal de Caldea y un curioso museo de maquetas, en cuyo interior se exponen reproducciones a escala de lo principales monumentos andorranos. Un apunte para golosos: en la pastelería Estopiñan, en la avenida Copríncep de Gaulle número 6, Rafael elabora unos deliciosos dulces de almendra y miel. Son los flors de la neu (flores de nieve). A las afueras de la localidad, el santuario de la Verge (virgen) de Meritxell, construido en 1976 por el arquitecto catalán Ricardo Borfill.

Dos kilómetros más adelante queda Canillo, capital del comú homónimo. Merece la pena hacer una parada para extraviarse por su casco histórico (no es demasiado grande). El caminar de sus calles, empinadas y algo laberínticas, es todo un baño de silencio y penumbra, algo muy de agradecer en nuestros días, cuando todo está teñido de luz y ruido (ambos artificiales). También ofrece Canillo una buena opción de tiempo libre: el palau de Gel (de hielo) con la pista de patinaje más grande de Europa.

Ya queda poco para que asomen las estaciones de esquí. Primero SoldeuEl Tarter. Kilómetros más adelante Pas de la CasaGrau Roig. El viajero ya puede ir preparando los esquíes. Además cuenta con la interesante opción del centro de esquí de fondo y de montaña de la Rabassa, con pistas de ski para todos los niveles, rutas ecológicas guiadas por el bosque, senderismo con raquetas, toboganes, actividades ludico-deportivas para discapacitados físicos (con monitores especializados…). Realmente merece la pena.

Conciertos y museos

El viaje está a punto de llegar a Ordino. Sin embargo, antes, habría que parar en la oficina de turismo de La Massana. Allí dan información sobre los más de treinta senderos de la parroquia.

Ordino queda a pocos kilómetros de allí. Allí el viajero encuentra unas gentes realmente apegadas a las manifestaciones culturales. Y es que, a lo largo de todo el año, raro es la semana en a que no se celebra alguna exposición, concierto u actividad similar (Mostra Gastronómica, Festival Internacional Narciso Yepes, teatro al aire libre, festival de cine de montaña). Eso sin contar el día a día de sus interesantes -y curiosos- museos dedicados a los iconos rusos y a las miniaturas. El propietario de estas salas tiene una tercera, en Escaldes, consagrada a la matrioshka rusa. Y en parecida relación habría que incluir la casa Areny Plandolit, una antigua mansión que conserva los espacios y útiles tal cual fueron emplazados siglos atrás (la cocina, la despensa, los comedores, los dormitorios, el despacho…).

La carretera, entre bordas dispersas y pequeños núcleos rurales, sigue ascendiendo hasta la estación invernal de Tristaina. A la salida de uno de estos pueblos, de nombre La Cortinada, se conserva -recientemente rehabilitado- un viejo molino de trigo. Sus instrumentos aún funcionan y puede ser visitado. Un consejo: cuando se entre en alguno de los pequeños caseríos de la zona, buscar una tienda de comestibles o bar y preguntar sí tienen tupí. Es un queso tradicional y artesanal de Andorra y se consume untado en rebanadas de pan.

Camino de España

Al sur de Andorra la Vella, camino de España, Sant Julià de Lòria, donde el primer domingo de octubre se organiza en el ágora local la fira del Roser (feria del rosario). En realidad es un pintoresco mercadillo en el que se vende artesanía, cromos, sellos raros, libros antiguos y cosas por el estilo.

De allí hasta el puesto aduanero -los guardias civiles suelen ser poco escrupulosos con los trámites- la carretera se desliza en paralelo al río Gran Valira y rodeada de un estrecho valle rocoso en el que crecen frondosos bosques y…superficies comerciales de inmensos aparcamientos. Estámos en Andorra.

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