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Turismo por España. Un paseo por Murcia

22 de octubre, 2010

Que los termómetros de Murcia rara vez bajen de los 17-18 grados hacen de esta ciudad, de por si, una suerte de privilegiado refugio para los frioleros de otras latitudes…menos afortunadas. Anclada a medio camino entre la huerta y el mar y atravesada por el exhausto río Segura, su enrevesado casco antiguo se alza en el entorno de la plaza del cardenal Belluga, en el mismo espacio en el que estuvieron la mezquita y el alcázar de tiempos de los árabes y a dos pasos de la catedral. Sentarse en alguna de las terrazas de la mencionada plaza significa que, a poco que se tenga sentido de la observación, uno verá pasar la vida ante sus ojos… una vida que transcurre con esa plácida falta de velocidad tan del sur.

Según la hora del día que sea, el murciano puede que se entregue a una costumbre tan arraigada cómo es tapear… o ir de raciones. Si se busca los locales con más tradición y abolengo en el género, habrá que ir, sin dudarlo, al entorno de las plazas de las Flores y San Juan. Allí no faltarán bares en los que pedir una ración de caballitos (gambas a la gabardina) o marinera (una ensaladilla con anchoas)… siempre acompañado de cerveza o de un tinto de Jumilla. Luego están las croquetas de espinacas del Bar La Parranda…sencillamente deliciosas.

Antes o después del ligero yantar, y por eso de comprar algún recuerdo para uno mismo o para los que quedaron en la ciudad de origen, lo suyo sería dejarse caer por el mercadillo de artesanía –abre todos los días- instalado en el parque San Esteban. Aunque, si se prefiere una compra más convencional, quizás sea más recomendable ir directamente hacia la zona comercial de la ciudad, un dédalo de calles que se extiende entre la catedral y el Teatro Romea.

Una ruta por los museos

Museos hay muchos…pero seguramente habrá pocos lugares en los que se puedan encontrar de tan peculiar género cómo aquí. Y es que, para empezar, el Museo de los Molinos del río Segura podría estar en otro lugar que no fuera Murcia, tan profunda es la vinculación de la ciudad con el agua –no hay más que ver la feraz huerta que la rodea por los cuatro costados-. Y lo mismo podría decirse del Museo de la Ciencia y el Agua… un divertido lugar que muestra los más profundos secretos de la ciencia…sin dejar de tocar aquí y allá.

En el otro extremo del gusto y de la oferta –aunque no por ello excluyentes- el Museo Salcillo, centrado en la figura del imaginero local que vivió en el siglo XVIII, custodia algunos de los mejores pasos de la Semana Santa de Murcia. ¡Una pasada!

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