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Turismo en Amsterdam. Viaje a la capital de Holanda

18 de octubre, 2010

Si es la primera vez que uno se plantea visitar la capital de Holanda, lo primero que habría de saberse es que se trata de un lugar que poco, muy poco tiene que ver lo convencional. La peculiaridad de esta ciudad se encuentra por doquier: en el modo de vida de sus habitantes, el ambiente divertido y desenfrenado que se respira por todas partes… Para no perderse nada, quizás lo mejor sea buscar un hotel por el centro, aunque una buena red de transporte público permite llegar, fácilmente, a cualquier parte….desde cualquier parte.

Entre cuatro días y una semana será el tiempo ideal para conocer esta ciudad… aunque se tarda mucho menos tiempo en comprobar la extrema educación de sus habitantes…educados y tolerantes, aunque por aquellos lares están un poco cansados de que asocien esta coletilla al libertinaje –por ejemplo, el consumo de drogas está permitido, pero no legalizado-.

Cómo siempre que se visita una ciudad que no es la de uno, y en eso de moverse por el lugar, lo mejor es buscar puntos de referencia…y olvidarse de los nombres del callejero –por lo demás, bastante impronunciables para nosotros-. Central Station o la cercana plaza Dam, son los puntos más socorridos para el particular. Una pista: cerca quedan Damrak y Nieuwendijk, dos calles muy comerciales, repletas de tiendas de moda, coffeshops y restaurantes de comida rápida.

Plaza Dam

No se tardará demasiado en comprender porqué se recomienda elegir este espacio cómo referencia. Pasaremos por él una y otra vez. Entre mimos, bici taxis, vendedores de perritos calientes y vendedores ambulantes, su inmensidad deja espacio para que se hayan construido aquí algunos de los edificios más emblemáticos de Ámsterdam: el palacio Real, la iglesia Nueva… o el Madame Tussaud’s, con una figura de Johnny Depp vestido de pirata caribeño dando la bienvenida al personal que lo visita (sería recomendable, antes de ponerse en la larga cola, armarse de paciencia para esperar turno…un buen rato).

Justo detrás del palacio Real, la calle Kalverstraat espera para perderse en su bullicio. Es el camino hacia la Spui, la zona de la ciudad en la que quedan el Museo Histórico (Historisch Museum), con una importante colección de cuadros, mobiliario, mapas, armas y restos arqueológicos; y la Schuttersgalerij, una galería de arte al aire libre, de acceso gratuito, donde se pueden admirar 15 gigantescos retratos de milicianos del siglo XVII al estilo de la famosa Ronda Nocturna, de Rembrandt, que cuelga de las paredes del Rijksmuseum. Por aquí cae también un curioso lugar. Es el Begijnhof, una íntima plazuela del siglo XVI que sirvió en sus tiempos para alojar a mujeres solteras y piadosas que no deseaban tomar los hábitos

El Barrio Rojo

No son pocos los que van Ámsterdam sólo por conocer esta barriada, que, volviendo de nuevo a la visitada (¿Quién sabe cuantas veces a estas alturas?) plaza Dam, queda al borde del canal Oudezijds Voorburgwal. Llamativos sex shops, peculiares museos –dedicados al hachís, erotismo, marihuana y canabis- o coffeshops, locales donde se vende y consume hierba, con amplia carta de pasteles con el cáñamo como principal ingrediente, pueblan el paisaje.

¿La cabeza un poco pesada por el humo de los coffeshop?. Bueno, pues entonces se recomienda salir a la calle, dejarse impregnar por el ambiente húmedo de la ciudad y, despejado, dedicar unas horas a degustar los deliciosos museos aquí abiertos…todos ellos entorno a Museumplein, una plaza alrededor de la cual se distribuye esta suerte de barrio cultural en el que quedan, entre otros, el Rijksmuseum (el famoso cuadro de Rembrandt y La lechera, de Vermeer), el Van Gogh Museum (no perderse el autorretrato con sombrero de paja, El Sembrador y el archifamoso Dormitorio) o el Stedelijk Museum (interesante colección de arte contemporáneo). Un paseo por el cercano Vondelpark, el parque más popular de Ámsterdam -45 hectáreas y más de 127 tipos de plantas y un centenar de árboles- permitirán despejar la mente después de ese intenso baño de sensaciones pictóricas.

¿Qué aún quedan ganas de más museos? Pues, no hay problema. En el Pijp, una populosa barriada articulada entorno al Albert Cuypmarkt, un inmenso mercado al aire libre, queda el museo Heineken Experience, instalado en la antigua fábrica de la cerveza más famosa de Holanda. Es divertidísimo, con exposiciones interactivas sobre la historia de la empresa y el proceso de elaboración de la cerveza. En el precio de la entrada al museo están incluidos dos vasos del delicioso brebaje.

¿Y qué hay de darse un rulo por los canales? Los canal bus atracan frente a la casa de Anne Frank y ofrecen diferentes recorridos a través de los canales. Son 18 € el billete y se puede bajar y subir tantas veces como se quiera.

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