Inicio > ¡VIAJA! > Ruta por el Norte de Lisboa. Cascais y Estoril

Ruta por el Norte de Lisboa. Cascais y Estoril

02 de noviembre, 2010

A veces, cuando viajamos a una ciudad que no es la nuestra, nos limitamos a recorrer sus calles…sin atrevernos más allá de sus límites. ¿Y si se alquila un coche y se intenta? Pues venga. Estamos en Lisboa y hemos decidido recorrer la zona que queda al norte. En el hotel nos han recomendado que tomemos la N-6 hacia Cascais y Estoril. La costa de Estoril o Costa del Sol se extiende desde Carcavelos, a 15 kilómetros de Lisboa, hasta Guincho. Debido a su clima, curiosamente mediterráneo, goza de una temperatura idónea durante todo el año, lo que la convirtió, hace ya muchos años, en destino vacacional de los lisboetas. Su otoño, de clima ideal, es como una segunda primavera.

Cascais es un antiguo enclave marinero, muy activo ya en el siglo XII, pero convertido hoy en lujosa localidad de veraneo. El terrible terremoto del 1 de noviembre de 1755, que asoló una gran parte de la capital portuguesa, destruyó asimismo las casas, iglesias y conventos que embellecían Cascais. Totalmente reconstruida después del seísmo, realeza y nobleza de toda Europa comenzaron a frecuentar su playa desde finales del siglo XIX. Esto hizo de Cascais una ciudad cosmopolita, ya que muchas familias notables construyeron allí sus palacios alicatados de bellos azulejos. La ciudadela de Cascais (s.XVII) continúa siendo un enclave militar en cuyo recinto se encuentra la ermita de Nossa Senhora da Vitória, con una talla barroca y azulejos del siglo XVIII. Otras iglesias son la de Nossa Senhora da Assunçao, con pinturas de Josefa d’Óbidos (s.XVII), o la de Nossa Senhora dos Navegantes, de planta octogonal y estilo barroco.

Al lado queda Estoril, conocida principalmente por su casino, su circuito automovilístico o sus campos de golf, es una ciudad balnearia y uno de los destinos turísticos más frecuentados de Portugal. Si bien goza de una herencia señorial en sus magníficas mansiones, es hoy también ciudad moderna, preparada para la demanda turística actual. Erigida a orillas del mar y en lo que fue un antiguo convento franciscano, la iglesia de Santo Antonio muestra en su interior tallas de madera dorada y una buena colección de azulejos de los siglos XVII y XVIII.

Vuelta al coche, la N-247 bordea la costa pasando por el punto más occidental del continente europeo, el Cabo da Roca, al que el poeta nacional portugués, Camões, definía como “onde a terra acaba e o mar comença”. Con el océano a un lado y la montaña al otro, la carretera gira hacia el interior camino de la bellísima ciudad de Sintra, situada en un pintoresco paraje dentro de la rocosa y tupida Serra da Sintra. La ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad debido a la riqueza de su legado, admirablemente inmerso en un paisaje cantado por Byron como “el más agradable de Europa”. Cuenta la región con preciosas reliquias arqueológicas de la época romana, haciendas señoriales, iglesias y construcciones solariegas que se alzan en parques sombreados de añosos árboles y adornados con fuentes y pérgolas. Es uno de los centros más importantes de arquitectura romántica del mundo. Tiene tres Palacios Nacionales: Paço Real o Paço da Vila (s. XIV-XVIII), de estilo manuelino y barroco, y que se reconoce por las dos chimeneas cónicas de sus cocinas; el Palacio Nacional Da Pena, última residencia de Manuel II, construido por encargo de Fernando II (1838-1840); y el Palacio de Queluz, de mediados del siglo XVIII y un magnífico ejemplo de arte barroco. Destaca también el castelo dos Mouros que data de la época musulmana (s. VII) aunque ha sido reconstruido. A 4 km se encuentra la pequeña cadena volcánica de Monserrate, que termina bruscamente en un acantilado de 150 m de altura sobre el Cabo da Roca. Es un lugar mágico, pues al recibir de lleno los húmedos vientos atlánticos muchas veces parece humear, al tiempo que resuenan los numerosos arroyos formados por la condensación de tanta humedad como les cae encima a los bosques.

Desde Sintra se continúa hacia el norte por la N-247, en dirección a Ericeira y Torres Vedras. Ericeira se encuentra de nuevo en la costa del Océano Atlántico, entre los cabos da Roca y Carvoeiro. Esta localidad marinera, de tradición balnearia, ofrece playas magníficas pero de aguas decididamente frías, por lo que es aconsejable practicar alguna actividad, tipo surf. El trazado de las calles y sus casas siguen hoy dando un aire singular a Ericeira, de donde salieron para el exilio, en 1910, los reyes de Portugal, una vez proclamada la República.

En Torres Vedras, el general Wellington al frente de las tropas luso-británicas, derrotó en octubre de 1818 a las fuerzas de Napoleón, en una batalla cuya finalidad era proteger Lisboa. De aquella época se conservan algunas construcciones de defensa, erigidas a partir de otras ya existentes en el siglo XVI

Desde aquí, por la N-8-2, pasando por Lourinhâ, se llega a Atouguía de Baleia, donde se conservan numerosas muestras de finales de la Edad Media. Cabe señalar la iglesia de São Leonardo de estilo gótico primerenco (1452).

A escasos tres kilómetros por debajo del Cabo Carvoeiro, se encuentra al bello pueblo de Peniche, enclave pesquero cuyo puerto se halla protegido por una ciudadela del sigo XVI. Prisión antaño, la fortaleza alberga hoy un museo. Para dar por bien acabado este itinerario, vale la pena dedicar su justo tiempo a saborear un buen plato de frutos de mar recién pescados, no sin antes visitar la iglesia renacentista de São Pedro y admirar los característicos encajes de bolillos que han hecho famosa a esta localidad.

A solo 3 km hacia el norte queda la pequeña aldea de Baleal en una pequeña península y uno de los lugares con más encanto de todo Portugal….delicioso fin de ruta, antes de volver a Lisboa…o quedarse a pernoctar por la zona.

Etiquetas: , , , , , , , ,
Compartir:
  1. Sin comentarios aún.