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Ruta de artesanía e historia por Córdoba

17 de enero, 2011

Córdoba AndalucíaEl trabajo sobre badanas de cordero ha sido, desde tiempos del antiguo Al-Andalus, una de las artesanías más representativas de Córdoba. El cronista andalusí Al Maqari se refería a sus pobladores como “gentes enseñadas a dormir sobre un blando lecho de cuero, con preferencia a las mantas de algodón; a comer sobre pequeñas bandejas de cuero, mejor que sobre mesas de madera”.

El cordobán y el gaudamecí se trabajan sobre piel, preferentemente sobre cabraCordoba artesanos o cordero. Luego, a partir de ahí, todo son diferencias. El primero nació en la ciudad de Córdoba –lo que explica la raíz etimológica del término- estando, desde un principio, asociado a objetos meramente funcionales y sin labrado (estos llegarían más tarde) ni decoración alguna: calzado, fundas, guantes, arreos de caballería y similares. En la Edad Media comenzó a utilizarse el cordobán en el forrado de arcas, baúles y arquillas. A estos objetos se les llamó encorados.

El guadamecí, por el contrario –y aparte de creerse originario del oasis Ghadamés; punto fronterizo entre las actuales Argelia, Túnez y Libia-, se caracterizó, desde siempre, por ir labrado, plateado y tintado. Todo ello acorde con su uso decorativo: revestimiento de paredes, alfombras, tapices, retablos, pendones…

Artesano madera CórdobaCordobanes y guadamecíes caerían, allá en las postrimerías del siglo XVII, en una profunda decadencia de la que hoy apenas ha comenzado a recuperarse. Uno de los lugares en las que las viejas técnicas se mantienen con mayor celo, es la calleja de las Flores, a tan sólo un centenar de pasos de la mezquita de Córdoba. Allí el viajero encontrará el taller Meryan y conocerá a sus patrones, los hermanos Alejandro y Pablo López Obrero. Es Alejandro quien, mientras se afana sobre el labrado de una badana, comenta que lo primero es crear una idea en papel. “Hay que hacer un dibujo sobre una plantilla, luego calcarlo en papel vegetal y, por último, marcarlo con un punzón sobre la flor (reverso) humedecida de la piel”.

La tarea más delicada del oficio es conseguir el perfecto plateado de los cueros. Carlos Lara y Antonio Centella, dos operarios del taller, se ocupan de ello. Utilizan hojas de plata y pan de oro. Al ponerlo sobre el dibujo, y después de frotar con una algodón impregnado en aguarrás, consiguen dorar todas las zonas talladas.

Zapateros de los de toda la vida

El gremio de los zapateros siempre ha contado con gran Córdoba Montorotradición en Montoro (Córdoba), un precioso pueblo a menos de media hora de coche desde la capital de la provincia. Allá a finales del s.XVIII era, de entre los existentes en el pueblo, el que contaba con más miembros. Estos se reunían el primer domingo de octubre de cada año y elegían al veedor –cargo que tenía bajo su responsabilidad vigilar que las pieles tuvieran buena calidad-. Uno de los trabajos a los que tradicionalmente se han dedicado estos artesanos ha sido la elaboración de utillajes para caballistas y cazadores: botos camperos, zahones, fundas para los rifles.

Montoro zapateroEl comercio Calzados y Guarnicionería Hermanos Mohedo lo fundó, en el año 1850, el bisabuelo de los actuales propietarios: Miguel, Pedro y Manuel Mohedo. Con las mismas técnicas que aprendieron de su padre y abuelo, los tres hermanos continúan con el oficio. Trabajan por encargo, aunque siempre tienen artículos preparados para vender en el momento. De las paredes del taller cuelga una amplia colección de hormas. Talladas en madera de haya, pertenecen a clientes de toda la vida. Algunos de ellos personajes famosos.

Barriles de Montilla

Capital de la capital vitivinícola homónima, en Montilla siempre se ha cordoba bodegas montillatrabajado la cuba en roble y castaño. Construidas en diferentes tamaños se empleaban –y se emplean- en la conservación del vino. También era trabajo del tonelero hacer toneles, cacharras o medidas para el vino, cubos, tinajas, barriles de embalaje y recipientes semejantes. Todo ello salido de la combinación de cinco elementos: buena madera, serrucho, azuela, martillo y hábil mano de artesano.

Hoy el oficio ha perdido parte de la rusticidad de antaño. Rafael –copropietario de la tonelería Hermanos Cabello- explica que las piezas grandes ya no se trabajan tanto y que ahora se hacen, sobre todo, pequeños barriles, más afines a los gustos del cliente particular.

Córdoba MontillaEn la tonelería de Manuel Cabello, a pesar del auxilio de un básico utillaje eléctrico, se conserva, tal cual, lo que siempre ha sido el alma de este oficio: el curvado de las duelas a fuego y agua. Es lo que llaman domar el tonel. El barril, previamente humedecido en el pilón, se coloca sobre el estangre o candela. A medida que las duelas se van secando, se van curvando con la ayuda de un torno. El proceso dura unos diez minutos. Para entonces el lugar es una auténtica humareda.

Córdoba, Montoro y Montilla, preciosos lugares con una historia y tradición muy arraigadas y todavía vigentes.

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