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Destino Indonesia. Turismo en la isla de Bali

08 de octubre, 2010

Con un tamaño similar al de la provincia de Alicante, la isla de Bali (perteneciente a Indonesia), sorprendió a los holandeses que desembarcaron en sus playas, hace 400 años… y sigue sorprendiendo a todos aquellos que aterrizan en su aeropuerto. Quizás no sea ya la ingenuidad de aquellos viajeros que, antes de la Segunda Guerra Mundial, acertaron a pasar por aquí y escribieron sus impresiones en sus diarios. Sin embargo, viajar hasta aquí –siempre que se esté dispuesto a ser viajero –no turista- y, con ello, dejarse impregnar de un modo de vida diferente al occidental (muy diferente)… un modo de vida en el que las formas de sentir, las expresiones de la religión y las interpretaciones del arte se mostrarán, siempre, de un modo abierto, sin complejos.

Uno de los primeros lugares por el que suele dejarse caer aquel que hasta aquí se llega, es Ubud. Población situada en el corazón de la isla, uno puede quedarse en la inacabable sucesión de cafés, tiendas, restaurantes y cibers que pueblan sus calles o, rascando un poquito, empezar por sus museos de pintura balinesa antigua moderna (en el Puri Lukisan o en el Neka) y o sus palacios (cómo el Puri Saren Agung, convertido en hotel, pero visitable en sus zonas comunes).

Paseo por entre los arrozales

No es necesario alejarse demasiado de Bali para conocerse, impregnarse del Bali rural, ese que vive en y de los arrozales, aquel cuyos propietarios (sencillos campesinos) realizan ofrendas para proteger los cultivos, las muchachas se bañan en el río y las mujeres, igual que vieron hacer a sus madres y abuelas, preparan las comidas.

Si se alquila un coche, merece la pena perderse por la carretera que, desde Ubud, va a Denpasar. Esta podría bien ser llamada la ruta de los oficios y las tradiciones. Y es que, si Mas es famosa por sus tallas de madera, Batuan lo es por sus pinturas, Puay por sus marionetas, Singapadu por sus máscaras, Celuk por su orfebrería en oro y plata, Batubulan, por sus esculturas en piedra…. ¿Y qué decir de Peliatan, escenario de delicadas danzas legong ¿o de Sukawati, famosa por su el teatro de sombras?.

Claro, que si Bali, el Bali real y genuino al que se acercan todos los viajeros –y pocos turistas- es tradición y cultura –y no sólo sol y playa-, también es templos..templos que no son museos, sino lugares a los que los lugareños acuden a orar, cómo el de Besakih, un espacio de fe en el que se agrupan veinte tres templos y ciento setenta santuarios. El único inconveniente es que aquí aparte de celebraciones –los balineses creen que los dioses, cuando descienden a la Tierra residen aquí, por lo que vienen a orarles- también hay turistas, vendedores de baratijas… por lo que mejor será madrugar para evitar el incordio.

Buceo y playa

Rumbo hacia el norte de la isla, y sobretodo si se es practicante de submarinismo –o en su defecto el snorkel (modalidad con tubo)- el viajero encontrará toda una sugerente sorpresa: el Liberty, un barco hundido a escasa profundidad. Recorrer el pecio, sumergido bajo aguas transparentes y poblado de multicolores peces es una experiencia sencillamente espectacular. La verdad es que, según parece, la zona se está convirtiendo en una alternativa –más auténtica; más familiar, si se quiere- a los grandes –y masificados- centros de buceo del sur de la isla…el sur de las grandes infraestructuras turísticas, los grandes complejos…y los tramos de litoral – Legian, Seminyak y Tuban– en los que rompen esas olas que tanto gustan a los surferos. Por lo menos, a estas playas no pueden entrar los vendedores ambulantes….pero si masajistas y manicuras que desfilan continuamente ofreciendo sus servicios (llevan unos sombreros cónicos y un número de licencia… para saber a quien tienes que pedir un segundo servicio, en el caso de haber salido satisfecho del primero).

Si no se es amigo del bullicio, siempre se puede optar por desplazarse hacia el este: tranquilidad, más verdor, mejores puestas de sol…y hoteles más caros. Se ha llegado a Sanar, un lugar para economías más saludables…pero siempre más genuino y tranquilo que Tanjung Benoa, en la península de Bukit. Aquí funcionan una docena de hoteles tan cómodos y lujosos que lo mismo podrían estar en Bali, que en cualquier otro rincón del planeta. Si se está en la zona, lo aconsejable sería dejarse caer hacia el otro lado de la península, por la playa de Jimbaran. Aquí, por lo menos, y aunque se hayan ido elevando hoteles de lujo, aún es posible respirar la tranquila atmósfera de un pueblo de pescadores…en el que aún viven pescadores.

La capital

El centro administrativo de la isla es Denpasar, una pequeña ciudad de medio millón de habitantes a la que ir a comprar (sobretodo, telas), que no pretende ser atractiva en sus encantos…y se nota. El que quiera ver algo hermoso, que vaya, por ejemplo, a ver los templos construidos, en el suroeste de la isla, casi sobre los mismos arenales. Aunque el acceso al interior está restringido en algunos casos –para evitar que el mucho bullicio de los turistas rompan el recogido ambiente de oración- los enclaves mismos son excelentes miradores para extasiarse ante hermosas puestas de sol…algunas de las más hermosas que muchos contemplarán en sus vidas.

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